viernes, 11 de julio de 2025

El último viaje

El último viaje
de los tropecientos 
que llevamos;
como dije en su día,
ya ganas por goleada
a cualquier Cayetano,
así, con toda 
mi intención despectiva.
Nuestros trayectos 
tienen política, filosofía 
e ingeniería.
Saben a merienda,
parque y ganas de llegar
a casa,
el único sitio verdadero 
donde no ponemos la alarma.
Huele a todo lo que me cuentas,
porque cuando me preguntas
te recuerdo que no tengo
ni el gusto ni el olfato
para corresponderte,
seguramente la única 
miseria de la que formo parte.
Suenan a sirenas, baches y frenazos.
El tacto de su mano
a cada subida,
en casi ninguna bajada
y en el delicado apoyo 
de su cabeza 
sobre mi cuerpo
cuando estaba cansada.

Parace mentira
que haya llegado ya
el último viaje,
porque sin ningún drama
y contra todo pronóstico,
todo lo urgente
que le quería haber enseñado,
me ha dado tiempo
a mostrárselo.
Si con alguien
he batido el récord 
de compromiso,
paciencia 
y cuidados
ha sido con ella.
Por ello este último viaje
es una celebración 
por todo lo alto
del discurrir de nuestros
kilómetros.

Te dedico mi admiración,
mi claro posicionamiento
y mi lujuria 
para contigo.
Si de algo he disfrutado 
han sido los transbordos 
a nuestro ritmo,
sin prisa 
porque nunca hemos
llegado tarde,
ni lentas porque desesperábamos
por dar el siguiente paso desafiante.

El último viaje
es un recorrido 
por toda tu existencia,
pasando todos los días 
por Maternidad 
(el sitio donde naciste)
y conviviendo durante
la mañana en el sitio
donde te desarrollaste,
LA ESCUELA.
Grabado a fuego
la de veces
qué me decías:
'Papá, he decido hola',
gustándote solidaria 
y comunitaria.

Vicisitudes del destino,
te hiciste pise esa noche,
quizá los nervios inconscientes
ya no solo de coger vacaciones,
sino se cerrar tu etapa 
del primer ciclo.
El último viaje
lo hicimos 
con el conductor Félix,
con el que te gustaba ir
delante del todo
para ver por la luna del bus.
Y qué decir de ese último
churro de los viernes,
tan famoso en el lugar
como tu pura esencia 
por las aceras que pisas.

Vendrán nuevos viajes,
pero ya ninguno 
como todos los que hemos gastado.
Te voy a echar de menos, Miraflores,
ya no puedo imaginarme 
en transporte 
sin que estés a mi lado.
Un duelo natural, necesario 
y contundente,
el de no llevarte conmigo
y el de que tu 
no me arrastres contigo.
Gracias por estos tres años
de pasos de cebra 🦓.

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