surgimos de una Gala,
de una Gala humanitaria
con la única pretensión
de estrechar lazos,
crear un vínculo,
y hacer de lo v(n)uestro
algo privilegiado.
Un par de años después,
Berta y yo,
hemos recorrido
la alfombra roja
con nuestras mejores galas,
magníficas, estupendas, divinas.
Porque Berta y yo
ya no volveremos
a ser las de antes,
sino que seremos
mejores y más completas.
Por eso ella
tiene nombre propio,
por diferenciarse del resto
humilde, sin hacer ruidos,
sin llamar la atención,
sentando cátedra
con la mirada a la misma altura.
Eso es lo que más
me alucina de Berta y yo,
porque yo ya estoy
un poquito dentro suya
con su previo permiso
y consentimiento.
El acogimiento de sus rizos,
la envoltura de sus gafas,
la enorme presencia
para que nunca te sientas sola.
Y su sonrisa en calma,
como cuando dejas tu cuerpo
flotar en medio del mar;
o su timbre de voz
suave y delicado
como la poesía
que se escribe
bajo la sombra de un árbol.
Berta y yo
somos cuidados esenciales,
amor y cariño en cascada
y cuentos reflejados
en el techo.
Berta y yo
somos herida
y somos la cura,
somos la risa expandida,
somos calor todo el rato.
Berta y yo
hemos sido
demasiadas cosas
que no caben en este texto,
pero por algún lado
había que empezar.
Como decía
Berta y yo
ya no seremos las mismas,
principalmente
porque ahora
si que sí,
nos tenemos la una a la otra,
con discreción y respeto,
sin grandes alardes,
pero con el compromiso
de las personas que se admiran
mutuamente.
Berta y yo
ya somos
un cachito de historia
imborrable, imbatible
e impactante.
Berta y yo.
Berta y yo.
Berta y yo.
_A mi Bertis_
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