En el autobús
va sentado
en el suelo
un hombre
con mirada triste.
Pese a tener
los ojos claros,
no consigue
disimular
los anhelos.
De pelo
grasiento,
ropa raída
y zuecos
de calzado,
pareciera
tener un ratón
dentro,
jugando,
hilos desgastados.
Se le escapa
la ilusión
por el hueco
entre sus dientes;
mira fijo
y sin rumbo
aparente,
y cuando
me encuentra
yo me aparto.
Me aparto
porque
no puedo
soportarlo,
la intensidad
de su brillo,
la ausencia
de suela
en sus zapatos.
La pobreza
de su gesto,
el titilar
del movimiento,
rígido el cuerpo,
músculos heridos,
corazón sangriento.
Me llega
tu olor
como el
desencanto
de tus días,
dura travesía,
sin rima,
puta xenofobia.
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