buscando nada
y el todo
me encontró a mi
para avisarme
que era la hora.
La primera de ellas
fue darme cuenta
de que había nacido
para crecer
acompañado,
y la adolescencia
se despidió
sin mirar
hacia atrás.
Erguirme
honesto
fue la segunda;
rompí mis huesos,
estiré los músculos
y liberé presiones.
Toqué sin prejuicios
por primera vez
en la vida
sintiendo el tacto
de su piel
como tercera causa.
Me acerqué
intrigado
a su oreja
izquierda
para que salieran
de mi
palabras
nunca dichas,
dedicándole
la cuarta.
Rechacé el destino
en la quinta
y acepté
el mismo camino
que quiso
recorrer ella.
Con la sexta
maduré
a fuego lento
y con retrocesos,
pero nunca
me apagué.
Aprendí
en la séptima
a ocupar
todo el espacio
de la cama,
ahora,
siendo dos.
De la octava causa
adquirí
el compromiso
de los cuidados,
el cariño
y las emociones.
Me olvidé
de las comparaciones
en la novena.
Fue la décima
la que nos trajo
calma,
tranquilidad
y sosiego
para un oleaje
que se presumía
bravo.
La independencia
de la undécima
marca la diferencia
y la consolidación
de la duodécima
la de la historia épica.
12 años, 12 causas
y un día más
para contarlo.
Oooooo preciosoooo vaya declaración de AMOR
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