lunes, 3 de abril de 2017

12 años, 12 causas y un día más

No andaba 
buscando nada
y el todo
me encontró a mi
para avisarme
que era la hora.

La primera de ellas
fue darme cuenta
de que había nacido
para crecer
acompañado,
y la adolescencia
se despidió
sin mirar
hacia atrás.

Erguirme
honesto
fue la segunda;
rompí mis huesos,
estiré los músculos
y liberé presiones.

Toqué sin prejuicios
por primera vez
en la vida
sintiendo el tacto
de su piel
como tercera causa.

Me acerqué
intrigado
a su oreja
izquierda
para que salieran
de mi
palabras
nunca dichas,
dedicándole
la cuarta.

Rechacé el destino
en la quinta
y acepté
el mismo camino
que quiso
recorrer ella.

Con la sexta
maduré
a fuego lento
y con retrocesos,
pero nunca 
me apagué.

Aprendí
en la séptima
a ocupar
todo el espacio
de la cama,
ahora,
siendo dos.

De la octava causa
adquirí
el compromiso
de los cuidados,
el cariño
y las emociones.

Me olvidé
de las comparaciones
en la novena.

Fue la décima
la que nos trajo
calma,
tranquilidad
y sosiego
para un oleaje
que se presumía
bravo.

La independencia
de la undécima
marca la diferencia
y la consolidación
de la duodécima
la de la historia épica.

12 años, 12 causas
y un día más
para contarlo. 


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