lunes, 17 de abril de 2017

Tu aliada

- ¡Ay mi Juanma!

Es verdad que las madres
no deberían sobrevivir
a sus hij@s.
La piel arrugada
tiene su significado
y por más pliegues
que tenga
ya no cabe más dolor.

- ¿Dónde estás? que quiero verte.

Tod@s nacimos de ellas;
da igual que seas
el más solemne cabrón
o el más comprometido
de l@s activistas,
las vidas se gastan
descontroladas
y sin tiempo que perder.

- ¿Pero de verdad está muerto?

Si ellas no son religión,
¿por qué han de serlo
ideas preconcebidas
respaldadas por el
recorrido histórico
desde las más
antiguas épocas?

- Quiero me lo traigan.

Después de media vida
de idas y venidas,
dando guerra y sufrimiento,
álter ego del conflicto,
te marchas dando
miedo y algún reencuentro.
No fue suficiente
el remordimiento
de los días incontables
que proporcionaste
algún lamento.

- Que no, que no, que no.....¡¡¡ahhhhhh!!!

Que te acompañen tus dibujos,
los dulces a media noche,
y la fidelidad de tus hermanos,
que tu madre ya no puede
que tu madre ya no sabe
cogerse de tus manos.

- ¿Y ya no le voy a ver más?
- No, querida anciana,
más el resto nos quedamos
salvaguardando 
el dolor de tu alma.

Me despedí de ti
en el flagor
de una comida
en mi casa,
tuve la oportunidad
de verte,
sonreír y feliz,
en aquella,
tu última
comparsa.

Te digo adios
durmiendo
al lado de tu aliada,
siendo yo el
que acompaña
tu ausencia
prematura
que a voz viva
cada segundo
apagaba.

- Ya no quiero verlo, que se vaya.
- Tranquila Yaya, duerme y descansa.

_A mi Tito Juanma,
a mi Yaya,
a mi madre
y sus herman@s_

domingo, 16 de abril de 2017

Denuncio a dios

Denuncio a Dios
por creerse imprescindible,
importante
como para escribir
la palabra
con nombre propio.

Lo denuncio
con el ánimo
de cosificarle
por la noche,
en oficio
y sin beneficio.
Le culpo 
sin decoro
por inoportuno
farsante
de masas abducidas,
con perdón,
bien intencionados,
los que nunca
hayan pecado.

Te denuncio dios,
ahora con tu 
merecido rango,
por el daño
y el teatro,
por estar
en todas partes
arañando.
Si impuesto
nos llegaste
para condecorarte,
a la madurez
que me encuentro
prometo
no contarte
a ningún infante,
es más,
te interpelo
al juicio del averno,
tu otra cara,
cuando descubres
los cuernos.

La noche en que Hamlet, un grupo de música vivo, no un personaje muerto, me gritó al oído: "No te calles, déjale al descubierto".

_Una vez más
y ya perdí la cuenta
de cuántas,
a mi hermano 
Posi_


Nota de autor: Título ("Denuncio a dios") copiado de una de las canciones de la banda Hamlet de su álbum "Infierno" del 2000.

martes, 4 de abril de 2017

Te llevo siempre III

Es la tercera vez
que te gasto,
y no me canso.

Ha sido un año
amable y generoso,
lleno de buenas palabras.
Hemos viajado
tanto
como siempre,
solo que ahora
reposamos
más tiempo
en un mismo sitio,
lo que es de agradecer.

Tú,
has sido
el único
al que no 
he abandonado
cayendo en un
agravio comparativo
con el resto
de tus compis
de estantería.

Y es que sigues
haciéndome fuerte,
te empeñas
en crecer 
junto a mi,
y te encargas
incluso
de hacerme
algo más conocido.
Pero eso es
irrelevante,
de momento,
hasta donde
llegan mis pensamientos,
no me imagino
los "mecánicos días"
si no es contigo.

Ahora te relevará
otro hermano
recién parido,
más pesado,
más embrutecido.

Te guardo
como al resto,
en el puño
de mi arteria,
en el latido
de mi conocimiento.



lunes, 3 de abril de 2017

12 años, 12 causas y un día más

No andaba 
buscando nada
y el todo
me encontró a mi
para avisarme
que era la hora.

La primera de ellas
fue darme cuenta
de que había nacido
para crecer
acompañado,
y la adolescencia
se despidió
sin mirar
hacia atrás.

Erguirme
honesto
fue la segunda;
rompí mis huesos,
estiré los músculos
y liberé presiones.

Toqué sin prejuicios
por primera vez
en la vida
sintiendo el tacto
de su piel
como tercera causa.

Me acerqué
intrigado
a su oreja
izquierda
para que salieran
de mi
palabras
nunca dichas,
dedicándole
la cuarta.

Rechacé el destino
en la quinta
y acepté
el mismo camino
que quiso
recorrer ella.

Con la sexta
maduré
a fuego lento
y con retrocesos,
pero nunca 
me apagué.

Aprendí
en la séptima
a ocupar
todo el espacio
de la cama,
ahora,
siendo dos.

De la octava causa
adquirí
el compromiso
de los cuidados,
el cariño
y las emociones.

Me olvidé
de las comparaciones
en la novena.

Fue la décima
la que nos trajo
calma,
tranquilidad
y sosiego
para un oleaje
que se presumía
bravo.

La independencia
de la undécima
marca la diferencia
y la consolidación
de la duodécima
la de la historia épica.

12 años, 12 causas
y un día más
para contarlo.