Nunca es suficiente
la amplitud del parque
para el niño,
siempre corre
allí donde
no puede ser visto.
Nunca es suficiente
para el adulto
el consumo imparable
de los hechos demostrables
quedando el armario pequeño,
insuficiente la
plaza de garaje,
vacío el corazón
de buenas intenciones.
Nunca es suficiente
el daño procurado
de los dogmas inventados
empeñados en su afán
de sufrimiento, penitencia
y paraíso no ejecutado.
Nunca es suficiente
el querer de los pesares,
anhelado por etapas
con los trozos de retales
que una vez descompuestos
no asumimos las verdades.
Nunca es suficiente
conseguir más
de lo esperado,
siendo nosotros
educados
en el conformismo agotado.
Nunca es suficiente
lo que escribo
porque cuando
mi garganta agoniza,
mis manos
cogen la fuerza.
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