martes, 27 de enero de 2015

- ¡Váyanse hijitos!

En mi amanecer obtuso
sin intenciones ni atisbo
de rayos anaranjados,
una madre, menuda,
casi imperceptible,
despide a sus hijos
en la escalera del Metro.

-¡Váyanse hijitos!

El crío mayor
coge la mano
del pequeño
haciendo alarde
de su temprana,
por un lado,
y obligatoria por otro,
responsabilidad.

Bajan como dos estrellas
que desaparecen por el umbral astral,
callados,
con ojos como luceros.

La Mamá desde arriba,
desterrada,
sabiéndose culpable,
observa como se aleja
su tesoro más querido.
Su cuerpo aletargado
vencido y rígido
se queda solo, frío,
en alerta...
...como una flor en el campo arrasado
espera las nuevas aguas
para regarse con la vuelta de sus reOTOÑOs.

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