viernes, 23 de enero de 2015

El asiento

Tardé 10 minutos en atravesar la largura del autobús serpenteando por su anchura. Cuando llegue al final, me estaba esperando sonriendo como a quien se espera de verano a verano, casi desnudo ofreciéndose a mi con su abierta plenitud. A pesar del maltrato diario, agradece que existan usuari@s benevolentes dispuest@s a conversar con delicadeza. Es un trabajo duro el de ser "asiento", pero el que me encontré aquella noche, no lo olvidaré jamás.


Nota de autor: Relato presentado al concurso por el 40º aniversario de los búhos de la EMT (Noviembre). No resultó premiado.

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