Encontrarme su cepillo de dientes
en cualquier rincón de la casa,
es la señal inequívoca
de que todo marcha bien,
de que todo parece en su lugar.
La sensación de su intimidad acolchada
que te invade
no ha lugar
a más simpáticos adjetivos.
Que sea del color que sea (el cepillo),
pero que sea de ella,
es el mejor enjuague del día.
Aunque sea torpe a veces,
el cepillo, no ella,
y se lo meta en el ojo o hasta el fondo de la garganta.
Reírte frente al espejo
con la boca llena de espuma convulsionada,
o restregarte el propio cepillo,
mojado y efervescente por la cara
para dibujarla un arco iris.
La rutina de acostarse y levantarse
no la tienen solo las parejas,
los cepillos de dientes también la tienen;
como ducharse con intensas aguas,
peinarse sus enredados pelos
o frotarse sus solitarias espaldas
Pueden que se desganten
como el amor
y haya que tirarlos, desecharlos, cambiarlos...
-Cariño tengo que decirte algo:
"Tenemos que cambiarlos...
...los cepillos...
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