Por la mañana,
casi de madrugada
cuando todavía nadie habla,
él siempre tiene alguna palabra amable.
Una de esas palabras
es la que taladra mi prepotente
comprensión repetidamente
a la hora en que le pido
un café.
El tipo
acaba todas sus frases
con la palabra "rey";
algunos ejemplos son:
-¡Buenos días! ¿Cómo estás rey?
- ¿Café solo verdad rey?
-Aquí tienes rey.
-Que tengas buen día rey.
Un día,
harto de escucharla
pero sin rencor latente
y en forma de broma disimulada
le digo con los dientes apretados:
-¡Eh! que yo soy republicano.
-¡Ah! pues yo soy peruano- espeta.
Estupefacto y ligeramente excitado
me quedo
al pensar la posibilidad
de que creerse republicano
pudiera considerarse una nacionalidad propia,
específica de una patria posible.
Al ofrecér"se"me imagen tan poética,
establecemos un conversación acelerada
de temáticas muy variadas.
L@s sirvientes servidores serviciales "conquistad@s"
por el hombre blanco vulgar, recio y sucio,
asesino en términos coloniales.
Con el tiempo
tierras emancipadas de sangre derramada.
Con más repúblicas que sus antiguos opresores;
sin mas reyes que los infantes de cada humilde cabaña.
La libertad no se expropia
por más que se crea algo
materialmente orgánico
e inventado por el poderoso.
La libertad se escribe y se canta,
se respira a bocanadas,
no se consigue ni se recupera,
es la única bandera.
- ¡Qué tengas un buen día republicano!- se despide.
- Mañana nos vemos, mi rey- me despido yo aprendido.
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