que bajas a la parada del autobús
y es de noche,
me encuentro con un usuario de la calle.
Dispuesto a trabajar
y vestido de paisano
resultó ser un vigilante de seguridad
que más bien vigilaba
la hora puntual de mi producción.
Por cosas de estas horas
más fieles a la Luna que al Sol,
nos servimos las primeras palabras
mutuamente en desayuno.
Inmediatamente miré alrededor
buscando otra víctima potencial
que le valiera a mi verdugo,
pero ya era tarde...
...o más bien temprano.
Me hizo un marcaje exhaustivo
haciendo horas extras
que no cobraría a mes vencido.
Yo que soy más de leer,
o escribir,
o de al menos intentarlo en turnos vespertinos,
me imaginé en sus 15 horas diarias
de fuerza de trabajo.
Cuando le pregunté roncamente
cómo conciliaba su trabajo
con la vida personal,
fue directo al grano:
- No me queda tiempo
ni para follar-
Agradecí tanta sinceridad
en horas poco acostumbradas
a ver con claridad.
No pude evitar reírme
y evadirme a la posibilidad
de hacer el amor
en ese momento preciso.
Deseché la idea por no perder
el plus de puntualidad,
pero la próxima vez
no digo yo que no.......
Siguió contándome
que cuando llegaba a casa
vacío,
su pareja le pedía (casi exigía)
que cumpliera con sus obligaciones de lecho,
pero que él solo pensaba en dar descanso
a su alertada vigilancia.
Me volví a reír,
para darme tiempo antes de contestar,
y pensar en sexo cafetero tras la cena.
En fin, que tuve una cita con un desconocido
sin haberla concertado...
y me dejó excitado y cachondo
sumido en mis fantasías
imposibles.
Menos mal que la tarde la tenía libre
con brotes y delirios
para recuperar el tiempo perdido.
-Hasta el Lunes Julián;
que el finde te sea leve-
le dije mientras cogíamos el tren en vagones distintos.
-A Julián, el vigilante-
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