viernes, 1 de agosto de 2014

Aunque jamás ella, nunca sepa nada

Relataré una historia breve con final abierto,
de esos
que te dan un motivo para pensar; 
de los que "esperar" algo y no sabes
¿el qué?
ni
¿el cuándo?.

En un viaje efímero sobre ocho ruedas hacia el Norte,
alguien cede su sitio amablemente
sin esperar nada a cambio...       ...o eso creía él.
Resultó nacer de él
una sensación olvidada
por los palos del pasado.
Una intriga inconfundible por saber más de ella.

No se trata de una historia de amor, 
si no más bien
de un momento concreto donde 
el paisaje cambia su forma.

La miraba de reojo como si estuviera haciendo algo ilegal
disimulando entre cuento y cuento...solo que en sus ganas,
únicamente estaba ella.

Ella tan (in)distinta al resto, tan fuera de lo común
como la piel nunca tocada.
Con rasgos finos, 
no iba sola,
le acompañaba una amiga.

¿Os imagináis un viaje de más horas que menos pensando en la manera de hablarla y decirla que era LEY fijarse en ella?

Un viaje ameno sin lugar a dudas,
de los que no te suelen llevar a ninguna parte
quitando el peso añadido que cargas en la mochila.

Me imagino a nuestro prota escalando en sueños
y si cuerda hacia una cima incoronable
jugándose la vida sin miedo a perder nada
excepto a ganar un nuevo fracaso.

Al llegar...
inconsciente ella
temeroso él de la decisión que iba a tomar.
Se acerca sigiloso y le entrega en un papel
su número de teléfono; 
ella conmocionada
no reacciona ni en el ahora ni en el después.

Hasta hoy no ha vuelto a saber de ella,
pero si que nos ha regalado...
el conocimiento de saber que existe,
aunque jamás ella, nunca sepa nada.

No hay comentarios:

Publicar un comentario