jueves, 11 de junio de 2020

La columna

Cómo me gustaría
escribir a diario
en una columna
de algún periódico.
Dándome igual
las marcas
solo me preocuparía
por la palabras,
mis palabras.
Hablar de todo y de nada,
se me entienda o no,
lo compartan o estén
totalmente en desacuerdo.
Significaría
que sigo escribiendo
porque follo escribiendo.
Porque el limitado
espacio de una columna,
sería la viga maestra
de mis dedos;
porque podría
firmar al final
del texto
con mi segundo nombre
y mi segundo apellido;
porque sería 
como hacer la cama,
algo necesario
para empezar bien el día.
Superaría
cualquier filtro,
censura
o prejuicio.
Asumiría
la responsabilidad
como lo hago
cuando sostengo 
a mi hijo
entre los brazos.
Y me haría
tan grande
como la distancia
que nos separa 
de la Luna,
no por el hecho de serlo,
sino de sentirlo.
No con un ánimo
hermético,
sino con una actitud
comunitaria.
No por creerme 
más que nadie,
sino por atreverme
a plasmarlo.
Y no con un contenido reglado
sino con la libertad
de perder el miedo.

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