lunes, 30 de septiembre de 2013

Estado de espera


Las "salas de espera" deberían llamarse "estados de espera"
porque realmente ¿quiénes esperan?, las personas o las cosas;
siento el matiz, esperar me desespera.
El caso es que estando en estado de espera,
mi mente jugaba con demasiados cosas
como para poder centrarme en lo que supuestamente
me habían dicho que debía estar esperando.
En esto llega Isabel con su marido,
no los conocía, y del nombre me enteré más tarde.
Caminaban agarrados firmemente aunque despacio,
como en estado de espera; ella se dejaba llevar,
él, la llevaba con delicadeza.
Se sentaron como quienes se sientan en un patio
de colegio a contarse secretos pero sin esconderse
demasiado.
Isabel impacientada escupía queja tras queja
(harta del estado de espera),
y él, recibía las embestidas y las transformaba
en chinchetas de colores sobre su cuerpo
(también en estado de espera).
De repente, el marido de Isabel se moja
el dedo con su lengua, para que después,
con una sutileza digna de los estados de espera,
se lo pasara por la mejilla de Isabel
y así quitarle algo que por azar
de las salas de esperas,
se le había posado sin darse cuenta.

Fue en aquel momento
cuando descubrí
que en los "estados de espera"
también puedes enamorarte
de personas ajenas.

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