lunes, 28 de octubre de 2019

5 de Octubre

Contadla una y otra vez

Ainhoa
yo te quiero contar
quienes son
tus pamadres
y cómo crecimos 
con ellas.

Tú,
que hueles
a localidad
francesa
y sabes 
a punto de paso
de Camino de Santiago.
Tú,
cachorra parida
en una manta de pelos
de perras guardianas.
Gallinas atalayas
y un foso con frutos del huerto.

Eres el resultado
inmediato
del baile alternativo
entre dos erres.
El motivo consciente.
La causa indirecta.
Si lo eres todo,
empecemos
por el principio:
"Papá, Mamá,
contadla otra vez".

A tu padre
le conocí en Otoño,
en mi barrio
y de concierto.
Entre gritos ilegales
mezclamos airosos
las primeras
gotas de sudor
y kalimotxo.
Fue nuestra 
primera victoria.
El primer y 
último concierto
de aquella sala
de Vicálvaro.
Y digo que fue
en Otoño
porque en sus manos
caigo como
la hoja que
se desprende
del árbol.
Unas manos grandes
que recogen ya cogen
todo lo que tiene
ser arreglado.
De Domingo a Domingo
nos jugábamos
la amistad
en campos de fútbol
y post-botellines
fresquitos.

Pero además
Ainhoa,
quiero contarte
como conocí
a tu madre.
Fue en Verano
es un pueblo
de la sierra
desolado
por la temperatura.
En una comida
sin camiseta
llegó tímida y transparente.
Preparó un gazpacho
entre conversaciones
rápidas.
Y nos comimos;
no comimos
por primera vez
haciendo más grande
a La Kuadrilla.
Aquella tarde
nos dimos
un chapuzón municipal
y echamos
unos juegos de mesa
dejando el azar
para otro momento.
Y digo que la conocí
en Verano
porque su piel cálida
contrasta con 
sus pecas arraigadas.
Un sitio donde agarrarse
para nunca sentirse solo.

Ainhoa
déjame que te cuente
dónde se conocieron
tus pamadres.
Fue en un
centro de menores
de contenciones
y redenciones.
Allí se hicieron inseparables.
Y se empezaron
a llamar mutuamente
de formas
que no habían
hecho antes:
"compañeras de trabajo",
"compañeras de piso",
"amigas",
"novias",
"compañeras de vida"...
Si bien fueron distantes
respecto a los términos,
cada noche
disipaban las dudas
mirándose al espejo.
Una tras el otro.
Otro frente a ella.
Así hasta equipararse
y entender
que su momento
había llegado,
que ya podían
darse la mano.

Un trabajo común,
tres casas
más tres perras
y cuatro gallinas después,
nos han traído hasta aquí,
nos han llevado hasta ti.

HASTA ESTE 
5 DE OCTUBRE,
MI SEGUNDO
3 DE MARZO
FAVORITO.

Ainhoa
permíteme que te cuente
que tus pamadres
son hijas del Invierno,
y por herencia
y cronología,
tú también lo fuiste.
Siendo de Valdemaqueda
puedes decir
que has viajado
hasta Noruega
en furgoneta embriagada
de líquido amniótico.

Tus pamadres
se descubrieron
en cuevas oscuras y goteantes.
Yo fui el único
con las coordenadas gps.
Se recorrieron en bici
caminos vírgenes
que llevaban
toda la vida esperándoles.
Rapelaron barrancos
inabarcables
para llegar
donde nadie antes
había llegado.
Subieron montañas
y las bajaron.
Y las volvieron a subir,
y las bajaron
de nuevo
hasta hacerlas llaveros
para engancharlos
en sus manojos de llaves.
Caminaron sin cese,
casi siempre
rumbo al Norte;
sin importarles las ampollas
que levantan el recorrido.
Y por último
hicieron noches
en lugares prohibidos
con permiso
del cielo estrellado
y deseos fugaces.
Seguramente
allí te pensaron
y te pusieron
en el sitio
que te corresponde.

Esto es lo que puedo
contarte hasta ahora
Aihnoa.

Que algún día
estas palabras
que te dedica
tu Kuadrilla
sean la Carta Magna
que te procure
el conocimiento
de las cumbres
que te criaton,
de las faldas
de sus regazos.

Que el baile
del 5 de octubre
no se acabe nunca
y tu letra muda
más tu diéresis
sean cómplices
de lo acontecido.

Ainhoa
que Mamá
y Papá
te lo cuenten una y otra vez.

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