Anduvimos
rápidas y patosas
por la curva cerrada
de la adolescencia.
Por aquel entonces
nadie parecía
cansarse
y todo era
descubrimiento
y caras de asombro.
Aprendimos
de la sombra
de lo que seríamos
y nos equivocamos
mucho,
tanto como
nos permitieron
a las puertas
de la madurez.
Fue el comienzo,
y los comienzos
siempre son
ilusionantes.
Ahora andamos
reposadas
y con la materia
bien aprendida.
Lo hacemos
con la seguridad
de las conclusiones
a las que hemos llegado.
Cada paso,
cada reto,
cada decisión.
Resultado a favor
éxito asegurado.
Cumplidos los sueños,
los sueños nunca se agotan,
hoja perenne,
luz que nunca
se apaga.
Y andaremos,
y lo haremos
tan acompañadas
que jamás
volveremos
a sentirnos solas.
La responsabilidad
de un ser dependiente
de unos cuidados
que se van
aprendiendo
sobre la marcha,
con errores
pero con humildad,
ésta es la única
diferencia con
la adolescencia.
¡Así que sí!
lo haremos
con la ilusión
del principio
de nuestros días,
con las rabia
que nos motiva
y con otro sueño más
que se ve cumplido.
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