A mi no me engañas.
Cuando te crucé
me sobrepasaste
y te diste la vuelta
para mirarme.
Me agaché
y me mostré
tal y como esperabas;
me mordí
el labio
con ganas de cuello
y cerraste los ojos
deseando que me
diera la vuelta.
Exprimí el momento
de tus ansias
y las mezclé
con las mías
quedando inmóvil
necesitado de más.
No te di el placer
porque me bastaba
con el tuyo,
pobre egoísta de mi,
afortunado de espaldas.
Una imagen bonita
desde la acera
de enfrente,
desafortunados
los presentes,
malheridos
los ausentes.
Y allí...tú y yo,
más tú que yo
porque yo,
sabio y necio,
te tengo...pero no todos los días.
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