Unos van a
comprar el pan
compartiendo coche
y otros cogemos
un AVE
para llegar a tiempo
y estar donde
se tiene que estar.
No por el debido
compromiso
sino por la
ferviente ilusión
de seguir sintiéndote vivo.
Un Sábado
5 de Octubre
de pajaritas,
diademas,
vaqueros,
camisas blancas
y alguna
cara cortada
para no perder
las costumbres.
Besos,
sorpresas
y un ritual
de acicalamientos
colectivo
digno
de las mejores
arengas
para la batalla.
El himno
cogía fuerza
mientras subíamos
la cuesta
hasta estallar
en orquesta
al llegar
a la cancela.
Un coro de llantos,
miradas brillantes
y sonrisas
que no cabían
en la boca.
Trece campos
reunidos,
uno en camino
y otro ausente
con justificante.
Hicimos boda
en un jardín
de rincones
donde los cuales
nos ofertaban cosas
dando el momento oportuno.
Estratégicamente pensados,
nutridos de detalles,
sentidos y significados.
Por fin un sitio
exento de lujos,
apariencias
y prepotencia.
Un menú estéticamente
primaveral
para una comida
de Otoño.
Unas flechas
que marcaban
la distancia
para llegarnos.;
el sofá de Chéster,
la ludoteca,
botellas sensoriales
y fotos históricas.
Todo ello
sin acomodadores
ni monitores.
Autogestión
kuadrillera.
Anfitriona
Valdemaqueda.
La invocación
de la tierra,
el agua,
el fuego
y el viento
siempre
"uno de los nuestros".
Chamanas
y muchas palabras
sembradas,
regadas,
quemadas
y llevadas.
De la noche
de San Juan
al conjuro
del nacimiento
y el crecimiento.
Sin jugar al mus
hicimos solomillo
encogiendo los morros,
guiñando los ojos.
La jugada perfecta
de envites
de la mano
para tantearse
todos los puntos
posibles.
Objetos escondidos.
Objetos encontrados.
Imitaciones mediocres.
Imitaciones sublimes.
Ganando segundos
a un tiempo
que no perdona
pero que se congela
cuando es necesario.
Las ropas se fueron
manchando de tierra,
vino y mocos.
Corazón
ensanchado.
Copas entre
pecho y espalda.
El Trivial del amor.
Preguntas de conocimiento
donde nos reímos más
de lo que aprendimos:
"Déjate de darme besos
en el cuello y cómeme el coño".
Nos queremos
vivas y libres,
de eso es de lo único
de lo que no hay dudas.
Mayores y pequeños
al suelo.
De "La hoguera
de los continentes"
a la asamblea
del pueblo.
De lo imperial
a lo mundano.
La emisión del último
Pasapalabra
valdemaquediano.
Un rosco atípico
para adueñarnos
de las palabras.
Y un bote histórico
para no dejar
de contarlo
una y otra vez.
Algunas nos fuimos,
otras se quedaron
dejando el alma
de este grupo
extraordinario
a buen recaudo.
_A 5 de Octubre,
mi segundo
3 de Marzo
favorito_
Contadla una y otra vez
Ainhoa
yo te quiero contar
quienes son
tus pamadres
y cómo crecimos
con ellas.
Tú,
que hueles
a localidad
francesa
y sabes
a punto de paso
de Camino de Santiago.
Tú,
cachorra parida
en una manta de pelos
de perras guardianas.
Gallinas atalayas
y un foso con frutos del huerto.
Eres el resultado
inmediato
del baile alternativo
entre dos erres.
El motivo consciente.
La causa indirecta.
Si lo eres todo,
empecemos
por el principio:
"Papá, Mamá,
contadla otra vez".
A tu padre
le conocí en Otoño,
en mi barrio
y de concierto.
Entre gritos ilegales
mezclamos airosos
las primeras
gotas de sudor
y kalimotxo.
Fue nuestra
primera victoria.
El primer y
último concierto
de aquella sala
de Vicálvaro.
Y digo que fue
en Otoño
porque en sus manos
caigo como
la hoja que
se desprende
del árbol.
Unas manos grandes
que recogen ya cogen
todo lo que tiene
ser arreglado.
De Domingo a Domingo
nos jugábamos
la amistad
en campos de fútbol
y post-botellines
fresquitos.
Pero además
Ainhoa,
quiero contarte
como conocí
a tu madre.
Fue en Verano
es un pueblo
de la sierra
desolado
por la temperatura.
En una comida
sin camiseta
llegó tímida y transparente.
Preparó un gazpacho
entre conversaciones
rápidas.
Y nos comimos;
no comimos
por primera vez
haciendo más grande
a La Kuadrilla.
Aquella tarde
nos dimos
un chapuzón municipal
y echamos
unos juegos de mesa
dejando el azar
para otro momento.
Y digo que la conocí
en Verano
porque su piel cálida
contrasta con
sus pecas arraigadas.
Un sitio donde agarrarse
para nunca sentirse solo.
Ainhoa
déjame que te cuente
dónde se conocieron
tus pamadres.
Fue en un
centro de menores
de contenciones
y redenciones.
Allí se hicieron inseparables.
Y se empezaron
a llamar mutuamente
de formas
que no habían
hecho antes:
"compañeras de trabajo",
"compañeras de piso",
"amigas",
"novias",
"compañeras de vida"...
Si bien fueron distantes
respecto a los términos,
cada noche
disipaban las dudas
mirándose al espejo.
Una tras el otro.
Otro frente a ella.
Así hasta equipararse
y entender
que su momento
había llegado,
que ya podían
darse la mano.
Un trabajo común,
tres casas
más tres perras
y cuatro gallinas después,
nos han traído hasta aquí,
nos han llevado hasta ti.
HASTA ESTE
5 DE OCTUBRE,
MI SEGUNDO
3 DE MARZO
FAVORITO.
Ainhoa
permíteme que te cuente
que tus pamadres
son hijas del Invierno,
y por herencia
y cronología,
tú también lo fuiste.
Siendo de Valdemaqueda
puedes decir
que has viajado
hasta Noruega
en furgoneta embriagada
de líquido amniótico.
Tus pamadres
se descubrieron
en cuevas oscuras y goteantes.
Yo fui el único
con las coordenadas gps.
Se recorrieron en bici
caminos vírgenes
que llevaban
toda la vida esperándoles.
Rapelaron barrancos
inabarcables
para llegar
donde nadie antes
había llegado.
Subieron montañas
y las bajaron.
Y las volvieron a subir,
y las bajaron
de nuevo
hasta hacerlas llaveros
para engancharlos
en sus manojos de llaves.
Caminaron sin cese,
casi siempre
rumbo al Norte;
sin importarles las ampollas
que levantan el recorrido.
Y por último
hicieron noches
en lugares prohibidos
con permiso
del cielo estrellado
y deseos fugaces.
Seguramente
allí te pensaron
y te pusieron
en el sitio
que te corresponde.
Esto es lo que puedo
contarte hasta ahora
Aihnoa.
Que algún día
estas palabras
que te dedica
tu Kuadrilla
sean la Carta Magna
que te procure
el conocimiento
de las cumbres
que te criaton,
de las faldas
de sus regazos.
Que el baile
del 5 de octubre
no se acabe nunca
y tu letra muda
más tu diéresis
sean cómplices
de lo acontecido.
Ainhoa
que Mamá
y Papá
te lo cuenten una y otra vez.