sábado, 17 de agosto de 2019

La manchita

La manchita
de su costado
izquierdo.
Minúscula.
Casi indivisible.
Hay que conocerle
para aprendértela.
Minuciosamente
bonita.
De forma
irregular.
Color bizcocho,
sabor su cuerpo.

Me los como
a él
y a su manchita,
en diminutivo
amb@s.
Vitalicia
hasta su muerte,
tiene más tiempo
asegurado
a su lado
que su propio
padre.
Qué suerte
y qué envidia,
ojalá fuera
yo
tu manchita.

Privilegiada
atalaya,
mirada
de águila,
sangre
roja
a la izquierda.
Comanda
tus días
y cicatriza
todo lo que pasa.

Tu seña de
identidad
como lo serán
tantas otras.
Tu marca
natural
al salir
de tu madre
como una
marca de agua
de una fotografía.
Tu guiño
inesperado.
Tu sorpresa
al torcer
la esquina.
El sello
de tus flechas.

Lo dicho,
quien fuera
tu manchita.

El grillo de las 03.20

Canta el grillo
a las 03.20
de la madrugada.
Canta para
los desvelados
sean cuales sean
sus motivos.
En el epicentro
de la ciudad
de asfalto
y cemento
se escucha
cantar al grillo
por la ventana
abierta del Verano.

Sorprende
como 
sorprende
ver una estrella
bajo la luz
de una farola;
como sorprende
el aire fresco
en el momento
más angustioso.

Los que escuchamos
al grillo cantar
a esas horas
no estamos locos,
ya nos gustaría;
vivimos de sueños
e intermedios.

Afrontar la vigilia
de quien te necesita
es duro,
bonito,
pero muy duro.
Que no te engañen
los hippies.
Es para valientes
y para gente
que no para
de equivocarse
pero que insisten
en aprender
a equivocarse menos.
Por amor, sí.

Cuando canta
el grillo.

jueves, 15 de agosto de 2019

El Alba

Cuando el Alba
no es la llegada
de la noche,
sino un jardín
de flores
y elementos
de madera.

"El sitio de mi recreo".
La Kuadrilla
de todos mis días.

El reencuentro
en Sábado
en un tiempo
cambiante
y nuev@s
integrantes.

Una comida
de traje
en una Escuela
de todas,
con un tímido
sol
y muchas historias
que contarse.

Y nos queremos
mientras abrimos
latas
y comemos
más bien poco.
Una alerta
que antes
no existía
no nos permite
relajarnos
ni un segundo.

Como si de un
concurso
de citas a ciegas
se tratara
vamos cambiando
de pareja
y de tema.
No hay mucho
tiempo para 
regarse.
Ahora no es
tan fácil saber
cuándo
será la
próxima vez
por muchas
ampollas
que levante.

Así pasó
el día y la tarde;
en manga corta
y una constante
sonrisa.
Nadie se instaló
en la queja
ni en la
condescendencia.

Ese día
llegamos juntas
al Alba,
y nos hicimos
un poco más públicas
de lo que ya éramos.




Nota de autor: Escrito en Abril del 2019

lunes, 5 de agosto de 2019

La quinta parte

Soy la quinta parte
de un colectivo
que empieza
por una letra
que no utiliza
casi nadie.
Le dimos fama
hace tres años
haciendo
horas extras
en los bares.
Éramos otras
aunque seguimos
siendo las mismas.
Hemos batido
récord
de buenas noticias.

A veces fuimos
miradas
con lupa
sin coincidir
en el motivo.
Tuvimos
que responder
con bazoca
sin miramientos.

Ahora me tomo
el café solo
más solo
que nunca.

Muchos astros
se tendrían
que alinear
para que volvamos
a trabajar juntas
pero,
ya no importa tanto,
la semilla
está plantada
y el poso
ha calado hondo.

Los pitis
ya no molestarán
a las embrazadas
y el primer 
turno de comida
será el más
aburrido.

Los pajarillos
se han emancipado
y se centran
en sus crianzas
y nuevos lugares
de trabajo.
No somos menos fuertes,
nos hemos repartido
para llegar más alto.

Nunca supe
operar
con fracciones
pero saberme
una de las quintas partes
del Komando,
me hace resolver
con el número exacto.

_A Mi Komando_

Desde las ventanas

Desde la ventana
vemos
el sitio
donde 
nos vimos
por primera
vez.
¿Quién nos iba
a decir
que muchos años
después
volveríamos
a estar cerca
de dónde 
empezó todo?
No ha sido
el destino,
ha sido
la voluntad
del acompañamiento
histórico.
Más mayores,
más maduras,
más cansadas
pero con nuevos
brotes
con los que
seguir caminando.

La suerte de 
nuestra ventana
por donde
miramos
y recordamos
qué nos hizo 
llegar hasta aquí.

La poderosa 
vista
que nos recuerda
quiénes somos
y qué hemos
venido  hacer.

La determinación
de nuestra raíces
Marianistas,
no por orígenes
políticos
ni religiosos,
sino por la
memoria intacta
de un abuelo
que tuvo
la valentía
de cambiar
de género
para que 
ideológicamente
fuéramos
más coherentes.

Por cierto,
ese sitio
del que os hablo,
se otea
desde dos ventanas,
no desde una.
Por si quedaras
dudas,
dan igual
las persianas
caídas
y los cristales rotos.
Venimos
de donde
venimos,
pero eso
no quiere decir
que no seamos
capaces
de construir
nuestro propio
castillo,
desde la más
mundana
oscuridad,
desde el mayor
solitario
de los aislamientos.

Menos mal
que nos tenemos.




Nota de autor: Escrito un Lunes 22 de Abril del 2019